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La marea estaba en calma, solo eran perceptibles las delicadas ondulaciones del océano al momento de chocar con la fina y clara arena en la costa de una minúscula y solitaria isla.
Pero, debajo de esa desolada playa se escondía en las profundidades un
intrincado laberinto de cavernas subacuáticas; la cristalina agua de estas
cuevas tiñen de un mágico azul el camino a un cenote, con bellas aguas turquesas,
columnas rocosas, y adornado magníficamente con cientos de estalactitas; ese pozo funge como corazón
del olvidado lugar.
Tal lecho marino, es para una bella y desdichada criatura la seguridad que necesitaba para él y su pequeña cría.
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