Segunda parte

Preludio

 


    La marea estaba en calma, solo eran perceptibles las delicadas ondulaciones del océano al momento de chocar con la fina y clara arena en la costa de una minúscula y solitaria isla.

    Pero, debajo de esa desolada playa se escondía en las profundidades un intrincado laberinto de cavernas subacuáticas; la cristalina agua de estas cuevas tiñen de un mágico azul el camino a un cenote, con bellas aguas turquesas, columnas rocosas, y adornado magníficamente con cientos  de estalactitas; ese pozo funge como corazón del olvidado lugar.

    Tal lecho marino, es para una bella y desdichada criatura la seguridad que necesitaba para él y su pequeña cría.



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